Como crítica a Feuerbach, reniega de su materialismo mecanicista, ya que las mismas causas no producen los mismos efectos, hay un cambio continuo. El hombre, como principio explicativo de toda materia y materialismo, no es un ser pasivo-contemplativo, sino activo-práctico, como demuestra mediante el uso del trabajo, transforma la naturaleza y se transforma a sí mismo, desarrollando sus posibilidades. Paralelamente desarrolla una alienación, al perder el control sobre su creación, que al llevarse al mercado le hace perder la propiedad que él ha fabricado. Él mismo se convierte en la propiedad, se aliena. Hay varios tipos de alienación, pero todos parten del principio del trabajo, de la alienación económica.
El trabajo se convierte entonces no es un fin, sino en el medio de satisfacer las necesidades humanas, incluidas las biológicas. Siendo alienado el trabajo, el trabajador también queda desposeído de su vida, su naturaleza le es ajena. Partiendo de ello, se provocan otros tres tipos de alienación: la social, que ocurre cuando las relaciones sociales se convierten en un mero instrumento; la política, por la que el Estado no está al servicio del pueblo, si no de las clases explotadoras; y la religiosa, por la que el hombre alienado crea un mundo mejor que le ayuda a escapar de la miseria, resignado a no luchar contra su condición explotada. Para acabar con las alienaciones, Marx propone un modelo comunista.
Según Marx, una sociedad comunista sería el instrumento para escapar de la alienación, valiéndose de la lucha de clases, por la que la clase obrera será la única clase revolucionaria. Defiende en el comunismo la realización del ser del hombre, y no la generalización del tener.
Referido a las ideologías, Marx afirma que la conciencia del hombre es un producto social, que la forma de vida de la sociedad ha creado la ideología en el pensamiento. Marx considera la ideología como la representación falseada y falsificadora de la realidad, que pretende ocultar la situación alienada del hombre. Esto sería criticado posteriormente dado que el propio Marx estaba estableciendo también una ideología social.
Despreciando el materialismo de Feuerbach, Marx establece el materialismo histórico como modelo para analizar objetiva y críticamente las leyes socio-históricas y así fomentar el cambio social. Su crítica a Feuerbach también se basa en una insuficiente crítica a Hegel, que debe ser tanto genética (Historia como desarrollo del espíritu, según Hegel) como dialéctica (Historia como lucha de clases, según Marx). Partiendo de esto último, el autor opina que un cambio en la infraestructura, en el conjunto de elementos de una situación social, supone un cambio en la superestructura de producciones ideológicas, en la ideología.
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